Autoridad empática
Aporto criterio sin ponerme por encima de nadie.
Soy psicóloga, coach y especialista en educación para la integración de personas con discapacidad.
Uso las tres cosas como herramientas de un mismo oficio, que es construir con un equipo algo que después pueda usar por su cuenta.
Trabajo desde Panamá, con personas, familias, centros educativos y organizaciones.
También soy madre de dos hijos con Asperger.
Sé lo que es salir de una consulta con un papel que no explica qué hacer al día siguiente.
Lo viví en mi casa antes que en mi trabajo, y eso cambia la forma en que me paro frente a una sala.
Cuando una familia me cuenta lo que le está pasando, no necesito imaginármelo.
Conozco los dos lados de la mesa.
Estos seis criterios deciden cómo se arma un encuentro y qué queda fuera.
No son un adorno de la propuesta.
Cuando hay que elegir entre dos caminos, eligen ellos.
Aporto criterio sin ponerme por encima de nadie.
El proceso se construye con las personas, no sobre ellas.
La evidencia orienta y el contexto decide cómo se aplica.
Comprender tiene que traducirse en apoyos y decisiones concretas.
Todo apoyo debería aumentar la capacidad y bajar la dependencia.
No toda dificultad está dentro de la persona, también se revisa el entorno.
Llegan por motivos distintos y con el ánimo distinto.
Lo que tienen en común es que ninguno viene a que le den una charla.
Casi siempre llegan después de un diagnóstico, con un informe en la mano que nadie les tradujo a qué hacer el lunes.
Vienen cansadas y con desconfianza acumulada de profesionales que hablaron por encima de ellas.
Tienen a ese alumno en el aula ahora mismo y las formaciones que recibieron no bajan al día a día.
Buscan criterio que puedan aplicar, no más teoría.
Ya tienen escrito su compromiso con la inclusión y les falta traducirlo a decisiones concretas.
Necesitan a alguien que sepa acompañar a personas y a la vez hablar con una dirección.
Están decidiendo qué hacer con su vida adulta y necesitan un espacio donde pensarlo en serio.
No improviso en la sala.
Detrás de cada dinámica hay una manera de entender cómo aprende y cómo cambia una persona.
Lo digo en palabras de todos los días, porque es lo que de verdad cambia lo que pasa en el encuentro.
Se sostiene en cosas concretas como sentir que uno decide sobre su vida, que crece y que sus vínculos funcionan.
Por eso los encuentros trabajan sobre esas piezas y no sobre el ánimo del día.
Ante la misma situación una persona busca resolver y otra busca sostener la emoción, y las dos son válidas según el momento.
Trabajar eso evita que un grupo se quede atascado en una sola manera.
Reconocer lo que uno siente y lo que siente el otro es una capacidad que se entrena, no un rasgo con el que se nace.
Hay una franja de cosas que una persona todavía no puede hacer sola pero sí con apoyo, y ahí es donde el aprendizaje ocurre de verdad.
Por eso trabajo también con quienes rodean a esa persona, que son los que sostienen esa franja.
Ninguna experiencia se repite igual dos veces.
No tengo un programa cerrado que se aplique igual a todos los grupos, así que el primer paso siempre es escuchar qué está pasando.
Trabajo con equipos y con sistemas humanos, donde el vínculo entre las personas es parte de lo que se trabaja.
El grupo trabaja sobre lo que le pasa a él, no sobre un ejemplo de manual.
Lo que ocurre en la sala tiene que servir fuera de ella.
Las dos formas, y el formato cambia según cuál sea.
No hace falta que llegues con el problema ya ordenado.
Cuéntame qué está pasando en tu grupo y lo vemos juntos.